Diversidad Generacional

Personas con discapacidad por enfermedad mental

22/01/2021
Personas con discapacidad por trastorno mental | Triangle Talent

Las personas con discapacidad encuentran numerosos obstáculos para acceder a un empleo. Dentro de este colectivo, en concreto las personas con alguna enfermedad mental, sufren unas tasas de desempleo superiores al resto de personas con discapacidad llegando a alcanzar el 39.5% según datos del Observatorio sobre Discapacidad y el Mercado de Trabajo en España.

A las dificultades propias derivadas de la discapacidad hay que añadir el estigma que sufren y que supone, en algunos casos, una barrera insalvable en su camino hacia la inserción laboral.

Según datos del Observatorio sobre Discapacidad y el Mercado de Trabajo en España (ODISMET 2018) de la Fundación ONCE, en España hay un total de 323.400 personas entre 16 y 44 años con discapacidad debido a un trastorno mental, de las cuales sólo un 17,6% tiene un empleo. Del total de personas con discapacidad, las que presentan trastorno mental son quienes mayores dificultades encuentran a la ahora de insertarse laboralmente con una tasa de paro del 39,5%.

Recientemente el Instituto Nacional de Estadística ha hecho público el informe “El empleo de las personas con discapacidad (EPD)” correspondiente al año 2019, en el que, de nuevo, se pone de manifiesto que las personas con trastorno mental son las que más alta tasa de desempleo sufren en España, dentro del ámbito de la discapacidad.

Según recoge el informe, la tasa de empleo de las personas con problemas de salud mental es del 16,9%. Esta cifra es menor que la del año anterior 2018, que se situaba en el 17,6%, lo que supone un empeoramiento de la situación de estas personas en el ámbito laboral.

Por otro lado, la tasa de paro entre las personas con discapacidad en su conjunto es del 23,9%, con un descenso de 1,3 puntos respecto a 2018. Esta tasa es 10 puntos superior a la de la población sin discapacidad. La tasa de empleo de las personas con discapacidad es del 25,9% (66,9% para las personas sin discapacidad), con un aumento de 0,1 puntos respecto a 2018.

Al igual que para la población general, las mujeres con discapacidad tienen según el informe menos presencia activa en el mercado laboral. No obstante, su tasa de actividad está más próxima a la masculina que en la población sin discapacidad (33,3%, frente a 34,6%).

Empleo con discapacidad 2019 | Triangle Fundación

Retos a los que se enfrentan

No podemos obviar que las personas con trastorno mental grave tienen diferentes necesidades que requieren un apoyo específico para su proceso de inserción laboral. Estas necesidades vienen determinadas, en primer lugar, por las propias dificultades derivadas del trastorno, tales como la vulnerabilidad al estrés, el déficit en hábitos de trabajo, en habilidades sociales y laborales y deterioro del propio valor profesional percibido y de la autoestima personal.

A las dificultades inherentes al trastorno hay que añadir la representación social negativa que acompaña a la persona con trastorno mental crónico que actúa como una de las barreras más difíciles de superar para la inserción laboral de este colectivo. La percepción prejuiciada y distorsionada de incapacidad profesional y la imagen negativa que les acompaña para su proceso de inserción facilita que se considere a este colectivo como personas conflictivas o problemáticas en los entornos laborales.

Oportunidades

El proceso de recuperación en salud mental se basa en construir un proyecto de vida con sentido y satisfacción para la persona, definido por ella misma, independientemente de la evolución de sus síntomas o problemas. Es la propia persona quien establece sus objetivos vitales, independientemente de su sintomatología o las dificultades que encuentre en el camino. Entendemos la ocupación laboral como una parte fundamental en el proceso de recuperación global, pero, es muy difícil la recuperación si de base renunciamos a un elemento tan integrador como es el empleo.

La ocupación laboral, además, además de un papel integrador, aporta numerosos beneficios, mejorando la calidad de vida de la persona, permitiendo una participación activa en la sociedad de la que forma parte. El rol que se adquiere como trabajador, independientemente de la jornada o el cargo desempeñado, aporta un aumento de autoestima, la adquisición de una rutina diaria, un sentido de utilidad y pertenencia y una inclusión social que se traducen en un beneficio psicosocial que evita crisis y recaídas.

Además, en el caso de las mujeres, debemos tener en cuenta todos los factores adicionales que inciden en su empleabilidad situándolas en una situación de mayor vulnerabilidad.

 

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