Talento Sénior

Creencias limitantes en la contratación del talento sénior

26/02/2020
Creencias limitantes

Por MAYTE GARCÍA CANEIRO

Los prejuicios de las empresas en la contratación del talento senior son creencias limitantes

Hace tan sólo unos días, el INE publicaba los datos sobre el desempleo a través de la encuesta de población activa, (EPA) y volvía a ser complicado averiguar exactamente el porcentaje correspondiente a las personas mayores de 45 años.

Fundación Selectiva se hacía eco en Linkedin a través de un post y una infografía, destacando que este porcentaje prácticamente alcanzaba el 40% y otro muy interesante mostrando un gráfico que reflejaba una clara tendencia alcista observando el crecimiento del desempleo en esta franja por edad, a lo largo de los últimos 15 años.

Recordé entonces uno de los post publicado en abril del año pasado en este mismo blog titulado: Talento sénior: 10 prejuicios que tiene la empresa en la contratación, y pensé que había llegado el momento de llamar a las cosas por su nombre profundizando en estos prejuicios, que no son otra cosa que creencias, en este caso, evidentemente, injustas, injustificadas y por supuesto limitantes.

Basándome en dicha lista, recuperándola y abordando este fascinante tema, el de las creencias limitantes, te invito a que te subas en el barco y empecemos al menos, a cuestionar el origen, la creación, y sobre todo la credibilidad y veracidad de los mencionados prejuicios, de estas creencias.

Para ello, y sin volver a exponerlos detalladamente, (te invito a que vuelvas a leer el post si quieres saber más), te recuerdo los enunciados y a partir de ellos vamos poco a poco.

10 prejuicios

 10 prejuicios sobre las personas seniors:

  1. Las personas mayores de 45 años no quieren trabajar.
  2. El talento sénior no quiere aprender ni adquirir nuevos conocimientos.
  3. Se niegan a viajar.
  4. Son menos productivas y productivos.
  5. Las personas mayores de 45 años bloquean la promoción.
  6. No tienen capacidad de aprendizaje.
  7. Este talento está sobrecualificado.
  8. Las personas mayores de 45 años son menos creativas e innovadoras.
  9.  Están menos motivadas.
  10.  Se ausentan más del trabajo.

No la pierdas de vista y tenla muy presente a lo largo de lo que te voy a contar ahora, a ver si te lleva a sacar tus propias conclusiones.

Las limitaciones

¿Qué son las creencias?

Una creencia es una idea, un pensamiento sobre algo a lo que le damos credibilidad, y a partir de ello, un condicionamiento para comportarnos y para actuar.

De ahí, que algunas de las características de las creencias son:

  • Están ancladas en el subconsciente, por lo que no sabemos ni siquiera que las tenemos, pero actuamos según nos dictan.
  • No sabemos si se refiere a una idea verdadera o falsa, por lo que no es sinónimo de verdad ni de mentira.
  • En cualquier caso es cierta para quien la cree, y la persona no se cuestiona su veracidad, al estar muy arraigadas en nuestra forma de pensar. Se dan por válidas sin que al sujeto se le pueda pasar por la cabeza que existan otras opciones.
  • Por ello, y al estar instaladas en el subconsciente, ofrecen una importante resistencia al cambio y llega un punto que están exentas de cualquier juicio.

Cuando las creencias aparecen en su vertiente potenciadora, es decir, cuando ayudan o empoderan a la persona que las posee, en ese caso, parece que no es necesario cambiar o modificar nada, sino fomentar su permanencia.

El problema es cuando, como consecuencia de algunas creencias, la persona se siente limitada, bloqueada e incluso paralizada, afectando paulatinamente a la confianza en sí misma, y a su autoestima.

¿Y qué tiene que ver esto con las empresas?

De lo que estaríamos hablando y a lo que os invito, es a que extrapoléis el mecanismo de las creencias, entendiendo que se están generalizando e instalando en el tejido empresarial a modo de conciencia colectiva como verdades, lo que es muchísimo más nocivo por el alcance e impacto que de hecho, ya están teniendo.

Me gustaría, antes de continuar profundizando sobre el modo en el que se crea una creencia, recomendaros encarecidamente que escuchéis al Doctor Mario Alonso Puig en esta entrevista, hablando precisamente del impacto de las creencias limitantes.

¿Cómo se crea una creencia?

Las principales creencias de las personas se construyen en la infancia, en la fase de aprendizaje, a través de lo que vivimos, experimentamos y también de lo que nos enseñan las personas que nos rodean, de la educación recibida.

Se generan mapas mentales, construcciones y estructuras muy sólidas a través de las cuales generamos esas ideas y pensamientos que se convertirán en los filtros por los que procesaremos la información.

Por ello, muchas de esas creencias, dependiendo del entorno familiar, socio cultural o educativo en el que hayamos crecido, han influido manifiestamente en la salud de nuestra auto confianza y por tanto de nuestra autoestima.

Si desde niña o niño, alguno de los adultos que te rodeaban te obsequiaba constantemente con frases del tipo: “no puedes, no eres capaz, es demasiado para ti”, probablemente terminaste por creértelo.

Si no lo has leído o escuchado nunca, te recomiendo el cuento de Jorge Bucay titulado “El elefante encadenado”

Pero también en la etapa adulta seguimos edificando creencias, sobre todo, a partir de las propias experiencias vividas y del aprendizaje de personas, organismos o instituciones que consideramos que tienen autoridad moral o conocimiento sobre algo.

Por ejemplo, muchas de nuestras creencias en la etapa adulta son fruto de estudios, estadísticas, experimentos de universidades prestigiosas difundidos a través de los medios de comunicación o ahora de las redes sociales. Y les ofrecemos credibilidad, sean o no ciertas.

¿Qué poder tiene una creencia?

El magnate del automóvil Henry Ford decía “Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, tienes razón”.

Me parece una magnífica cita para ilustrar el poder tan increíble que tiene una creencia en sus versiones potenciadoras o limitantes. De ello habla además, lo que en psicología se conoce como el efecto Pigmalion o la profecía autocumplida, basado en el mito griego de Pigmalión, un escultor que de tanto adorar la estatua que había esculpido, Galatea, finalmente consiguió que cobrara vida.

¿Cómo desmontar una creencia limitante?

Cuestionándola, desde luego, no ofreciéndole la credibilidad más absoluta, alejándonos de ella, mirándola en perspectiva e intentando ver las posibles distorsiones, generalizaciones y omisiones que se esconden detrás de ellas.

El primer paso sería detectar que existe esa creencia, traerla al consciente después de habernos dado cuenta de que alguno de nuestros comportamientos nos están limitando y sus consecuencias no nos están trayendo nada positivo.

En el caso de la discriminación por edad, parecen claras cuáles están siendo las consecuencias, porque así lo manifiestan objetivamente los datos publicados por la última EPA.

Si tomamos como referencia la lista de los 10 prejuicios, parece que delante de cada uno de ellos, podría situarse el verbo “creo o creemos…” siendo las empresas que discriminan por edad, en este caso el sujeto.

Desde ahí, y analizando una a una, podríamos utilizar numerosas herramientas de cambio de creencias, pero a mí me encantan las preguntas que propone Byron Katie en su famoso The Work, una fantástica y sencilla técnica para cambiar creencias:

  1. ¿Es verdad?
  2. ¿Puedes saber que eso es verdad con absoluta certeza?
  3. ¿Cómo reaccionas, qué sucede cuando crees ese pensamiento?
  4. ¿Quién serías sin el pensamiento?

El siguiente paso sería invertir esa aseveración, como oportunidad para abrir el mapa de opciones, considerando otras a lo que se está aceptando como verdad.

Por ejemplo. Si tomamos el primer prejuicio:

  1. Las personas mayores de 45 años no quieren trabajar

¿Eso es verdad?; ¿Las empresas que lo creen pueden saber con absoluta certeza que eso es verdad en todos los casos?; ¿Cuáles son las consecuencias de creerlo? ¿Cómo serían esas empresas sin esa creencia?

El segundo paso, al invertir la frase aportando otras opciones sería:

  1. Las personas mayores de 45 años sí quieren trabajar
  2. Yo no quiero contratar a gente mayor de 45 años aunque quieran trabajar
  3. Yo quiero contratar a personas mayores de 45 años que quieren trabajar

Por lo tanto, parece que existen muchos caminos, variadas y múltiples opciones. No hay una verdad absoluta y las generalizaciones, distorsiones y omisiones, parece que provocan situaciones de injusticia.

Visto lo visto, yo diría que lo que queda es la voluntad. Querer o no querer, esa es la cuestión.

1 comentario

  • Responder Miquel. 01/03/2020 at 11:26

    En la muchas empresas en las que se discrimina años más mayores es por su ignorancia al talento que tienen en sus activos ,no saben ver más allá de sus narices y juzgan a mis demás por lo que ellos piensan “realmente ellos sin así” sus trabajadores normalmente no son como ellos piensan pero utilizan la norma estúpida del poder autoritario que dice tengo razón por qué soy el jefe,esto es un problema que las empresas con inteligencia han solucionado y las demás les llevara a su destrucción
    Pienso que los diez términos mencionados si los tratamos con inteligencia afecta más a los que deciden que a los que están por debajo
    “Sin duda alguna “

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